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En realidad es imposible no pensar. El cerebro está continuamente ocupado analizando los diferentes estímulos que recibe del entorno y del propio cuerpo. Los estímulos internos pueden ser órdenes directas que le damos o acciones automatizadas. Un buen ejemplo de lo último es el acto de bajar por unas escaleras. Desde que lo aprendiste, es una acción que has interiorizado y automatizado. Pero ¿has cogido consciencia alguna vez de lo que hacías mientras bajabas por unas escaleras y queriendo ayudar a tu cuerpo casi te tropiezas? Es porque para el cuerpo esa acción física es como tirarse, como dejarse caer. Significa que es bueno que nuestro cerebro automatice ciertos actos. O acaso imaginas tener que ordenar a tu cerebro que respire y que mueva las piernas para andar. No seríamos capaces de hacer gran cosa aparte de eso.

Como en el día a día nuestro cerebro se enfrenta a tener que manejar cantidad de acciones de nuestro cuerpo, además de verse bombardeado por múltiples estímulos, hará lo posible por automatizar y filtrar lo que puede. ¿Alguna vez te has bajado del coche, has cerrado y según te alejabas has dudado si realmente lo habías cerrado con llave? Es una señal de que tu cerebro te ha ayudado con este acto interiorizado mientras tu mente estaría ocupada pensando en lo que tenías que hacer a continuación, en a quién tenías que llamar o a saber qué. ¿Cuántas veces te has lavado los dientes y de repente has dudado cuánto rato llevabas porque tu mente se había dispersado? A veces nos dejamos llevar por el piloto automático sin darnos cuenta.

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Con ello permitimos que nuestra mente se acelere dándole vueltas al pasado y al futuro perdiéndonos el momento presente, lo que puede convertirse en una fuente de estrés. En el post ¿Vives de manera consciente? hablé sobre la filosofía de Mindfulness que enseña a vivir en el presente de forma más plena.

Pero hoy quiero hablar de otras cosas a las que nos pueden llevar estos automatismos del cerebro. Cuando nuestro cerebro recibe información, lo que a lo largo del día pueden llegar a ser miles de estímulos diferentes, intenta filtrar los datos, buscar patrones y comparar la información con experiencias previas. Por eso cuando conocemos algunas personas puede que nos caigan bien a la primera o por el contrario nos causan desconfianza. Seguramente nos recuerden de forma subconsciente a alguien que ya conozcamos.

Si no mantenemos una mentalidad abierta nos puede llevar a impedirnos a conocer una persona potencialmente interesante, un potencial buen amigo o incluso pareja. Estos patrones y experiencias grabadas en nuestro cerebro tristemente pueden llevarnos a prejuicios y falta de comprensión o aceptación de personas o situaciones. Cuando lo aplicamos a situaciones de la actualidad, debemos sumar la información, a veces sesgada, que recibimos por las noticias en televisión, periódicos o portales de noticias. Es fácil dejarse llevar y molestarse o incluso enfadarse por ciertas noticias sin pararse a reflexionar o informarse más a fondo. Es fácil dejarse llevar por el miedo subconsciente a lo desconocido.

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Esos patrones que crea nuestro cerebro nos pueden llevar a generalizar situaciones, y como decía, llevarnos a prejuicios. Por poner unos ejemplos facilones y otros más dramáticos, nos podemos atrapar haciendo afirmaciones del tipo:  Los alemanes son cuadriculados. Los franceses son bordos. Los andaluces son vagos. Los gallegos son indecisos. Los dominicanos pertenecen a bandas. Los columbianos son traficantes de drogas. El Islam y el Corán dice que todas las mujeres deben llevar burka. Vas pillando la idea ¿verdad?

Este mismo concepto también nos puede llevar a querer hacer acciones loables para ayudar con una causa supuestamente solidaria o compartir con amigos alguna acción promocional de regalo o sorteo. Reenviamos algún correo electrónico o Whatsapp sin pararnos a mirar bien el mensaje y analizar si es un bulo. Compartimos sin querer nuestro correo electrónico o número de teléfono y los datos de nuestros amigos con personas potencialmente indeseables. El post Ir de Capitán Trueno por la vida habla muy acertadamente de este tema.

Así que te sugiero que tengas cuidado con el piloto automático y con dejarte llevar por los patrones establecidos por tu cerebro en base a tu educación y experiencia. La vida nos puede deparar muchas experiencias bonitas si estamos abiertas a ellas, no tenemos miedo a lo desconocido y a salir de nuestra zona de confort. Piensa, antes de opinar sobre algo o alguien, prometo que no dolerá.

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Derriba tus prejuicios e intolerancias y practica la aceptación. No hablo de tolerancia ya que implica una visión de sentirse superior a la persona o situación a tolerar. Aprende a aceptar las cosas y personas diferentes. Se me ha quedado grabada una frase que dijo mi profesor de Mindfulness: El mundo no es como te gustaría que fuera. Recordar esta frase me ayuda a estresarme o molestarme menos con situaciones o personas diferentes, desconocidas o complicadas.

Ya que tu cerebro consume una buena parte de la ingesta calórica diaria, por qué no usar esa cabecita tan bonita para algo más que peinarla? Te invito a pensar y reflexionar más. De verdad prometo que no te hará daño.

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