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Esta semana he asistido a un taller muy interesante sobre Mindfulness, impartido por Rafael G. de Silva de Habitar el tiempo. La palabra Mindfulness viene a recoger la idea de vivir y actuar de forma plenamente consciente basándose en filosofías provenientes de la meditación budista. La idea es concienciarte sobre todas las tareas que haces de
forma automatizada, queriendo o no queriendo, perdiéndote con ello el disfrute del momento porque tu mente está ocupada en pensamientos dispares haciendo planes, recordando un conflicto que has tenido, dando vueltas a tus preocupaciones.

Los humanos somos los únicos animales capaces de pensar en el futuro, de crear escenarios posibles, plantearnos cómo vamos a actuar en cierta situación o conversación. Pero en un mundo tan acelerado como el actual, eso nos puede llevar a perdernos el presente, de olvidar a disfrutar del momento. De paso nos puede crear estrés innecesario que nuestra mente no pare quieta o el hecho de preocuparnos antes de tiempo sobre cosas que no han ocurrido aún, que tal vez ni vayan a ocurrir, o ocurrirán de modo diferente al escenario planteado en nuestra mente..

mapa mental

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El Coaching, la Programación Neurolingüística y el Mindfulness enseñan que lo que creemos que es la realidad es un mapa mental que nos vamos creando en base a experiencias, conocimientos y percepciones de la situación que experimentamos. Por tanto, las situaciones de conflicto o estrés que vivimos suelen estar relacionados con una percepción diferente de la situación que la que tenga la persona enfrente, con unas expectativas diferentes y unas exigencias distintas. Aquí surgen muchos conflictos del día a día en el trabajo, con nuestra pareja, nuestros hijos, amigos e incluso desconocidos. En tu casa aprendiste a hacer las cosas de cierta manera, se comía o cenaba a cierta hora como un clavo, te enseñaron que ser puntual significa calcular posibles imprevistos y llegar unos minutos antes. Ahora esta educación tal vez choque con la de tu pareja en cuya casa cada uno comía cuando tenía hambre o dónde no se le daba importancia a la puntualidad. Ya está servido el conflicto. Cada vez que quedáis con alguien estás lista para salir de casa cuando apenas está empezando a vestirse, porque “tenía que” terminar no sé qué cosa. O llega la hora de cenar y ni se inmuta, ni se da cuenta que para cenar a las 10 habrá que empezar con los preparativos antes.

Otra cosa que a veces cuesta creer, es que las intenciones de las personas suelen ser buenas. La raíz del conflicto, de la incomprensión suele residir en que la acción que nos pueda resultar incomprensible, inmoral, poco eficiente o incluso malévola está basada en los conocimientos y percepciones de esa persona. Imagínate a una persona que te levanta la voz sin – a tu parecer – razón alguna. Será que en el pasado esta estrategia le ha funcionado para conseguir el resultado deseado. Otro ejemplo más peliagudo podría ser un carterista. En su vida no habrá recibido la educación para ver otras oportunidades. Puede que no vea otra salida. La forma que ha conocido de buscarse la vida puede que sea únicamente esta. O es posible que le estén presionando o incluso amenazando… No lo sabemos pero ¿a que es fácil juzgar?

A quienes hemos crecido con el privilegio de considerar la buena educación y formación como algo normal y como un derecho básico, nos puede costar ponernos en la situación de alguien con una historia tan diferente. Y quien se siente libre de culpa que tire la primera piedra. Yo admito tener tendencia a ser una esnob en cuanto a la mala educación y la ignorancia se refiere. Pero  no quiero desviarme del tema o que me salga una perorata.

Volviendo al taller sobre Mindfulness, mencionaron también el miedo al cambio, aunque no en estas palabras. Por apego o rechazo las personas tienden a mantener o, diría yo, aguantar y agarrarse a ciertas situaciones. Un buen ejemplo son dichos populares como “Mas vale pájaro en mano que cientos volando”, “Mejor malo conocido…”. ¡Cuanto daño habrán hecho estos dichos o la mentalidad que los acompaña! La vida continúa, el mundo avanza y pretender mantener el status quo te lleva a quedarte atrás. En el mundo de los negocios suelo recordar el ejemplo de Olivetti, antiguo líder en máquinas de escribir, que se resistió a aceptar que los ordenadores eran el siguiente paso hacia el futuro. Si lo aplicamos a la prolongada crisis económica que hemos sufrido, pensar que volveremos a la locura del ladrillo, de forrarse siendo un albañil sin estudios, por poner un ejemplo, me parece igual de arriesgado.

Curiosamente los humanos tendemos a buscar el que creemos que es el camino fácil y la comodidad. Pero como creo que menciona Rafael Santandreu en su libro “Las gafas de la felicidad”, la comodidad está sobrevalorada. Si miramos hacia atrás las experiencias más felices o memorables se suelen haber vivido en una situación incómoda. Nadie contará como su mejor vivencia el haber pasado dos horas tirado en el sofá. Yo sigo recordando con ilusión la semana que pasé en Londres el verano pasado y eso que tenía los pies machacados de tanto caminar, me dolían los lumbares, la cara se me achicharró con el solazo inesperado y corrimos de un lado a otro para enseñarle lo más importante a mi pareja. ¿Comodidad? Poca… pero y lo bien que lo pasé volviendo después de más de diez años a una de mis ciudades favoritas.

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Como ves las personas tenemos un talento innato de complicarnos la vida, buscarnos una gran variedad de formas para estresarnos, preocuparnos en vez de vivir el momento. El libro “El arte de no complicarse la vida” de Alfonso López Caballero repasa con humor e ironía las innumerables formas de hacer la vida más difícil a ti mismo y a los que te rodean.

Después de conocer las trampas mentales a las que nos sometemos debido a tradiciones, educación, vivencias, experiencias y limitaciones autoimpuestas ya no me sorprenden la cantidad de malentendidos y conflictos que surgen en el día a día, lo neuróticos y acelerados que vamos algunos por la vida queriendo llegar a todas las metas, cumpliendo con todas las obligaciones, compromisos, normas sociales y expectativas.

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Personalmente intentaré destapar mis trampas mentales y limitaciones autoimpuestas, intentaré no sentirme culpable porque no me dé tiempo llegar a todo, revisar todas esas obligaciones y objetivos para quedarme con los realmente importantes y necesarios y que me aporten algo para mi vida y mi felicidad. Y por supuesto intentaré vivir y disfrutar más del momento, centrarme en él y dejar que los pensamientos dispares sigan a lo suyo, pero que sea yo quien decida cuál es el pensamiento o acción a la que quiero prestar mi atención.

Te dejo unos libros que me han gustado:
Rafael Santandreu: “Como no amargarse la vida”, “Las gafas de la felicidad”
Alfonso López Caballero: “El arte de no complicarse la vida”

Estaré encantada si me quieres recomendar literatura sobre Mindfulness  (tema en el que me gustaría profundizar), estrés negativo, felicidad etc.

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